La noble e ilustre familia Van de Walle viene a España en la época de Carlos V, este apellido flamenco llega desde los Países Bajos y se establece hace ya varios siglos en las Islas Canarias. Con un estatus de clase alta, títulos, poderes y tierras es una de las familias más influyentes y contribuye en gran parte al engrandecimiento de la Isla de San Miguel de La Palma y en especial en la Villa del Apurón denominada posteriormente Santa Cruz de La Palma. El padre don José.
Hasta los catorce años se cría en casa de su abuela materna doña Rafaela Álvarez y Álvarez, pasando posteriormente a ser cuidado por sus padres. A su abuelo, de profesión farmacéutico y a sus abuelos paternos no los llego a conocer. Primero estudió en Las Dominicas, hasta que hace la primera comunión en la Parroquia Matriz de El Salvador a sus siete años de edad. A continuación pasa a la escuela siendo sus profesores: En primer lugar Don Miguel y posteriormente don José Apolo de las Casas. En su juventud destaca por ser muy alegre, vivo y entusiasta, buen estudiante y un apasionado de las fiestas tanto populares como religiosas, de las que no se perdía una. Desde muy pequeño le llamo mucho la atención todo lo que tuviera que ver con la fe, rezaba y pensaba en Dios, e incluso visitaba mucho la parroquia. Si alguien influye en su persona en estos primeros años de su juventud, este es el Padre Félix (Párroco de El Salvado, muy querido, estupendo, comprensivo, cariñoso, recto y muy dedicado a las confesiones, el cual desde la madrugada abría la Iglesia y tocaba el ángelus como señal para confesar a los que venían desde temprano a trabajar a la Ciudad, se le denomino “el apóstol de las confesiones”, fue nombrado Canónico Honorífico por el Sr. Obispo). En esta época, don José, entra a formar parte del Grupo Joven de Acción Católica, al cual representó en la ceremonia de nombramiento a Obispo de don Domingo Pérez Cáceres en el año 1947 en La Catedral de San Cristóbal de la Laguna, Tenerife. Contento y alegre, vive estos años de su juventud con las preocupaciones normales de estas edades. Muy enamoradizo, lo mira todo con mucha fe, optimismo y ganas de vivir. Con un profundo pensamiento filosófico siempre tuvo la preocupación de si su vida serviría para algo. Estudiando la carrera de Medicina en la Universidad de Madrid, siente que esta profesión no es lo suyo y que no le llenaría lo suficiente. En unas conversaciones que mantiene con el Padre Félix es nuevamente influenciado y orientado. Este, quien lo conoce y sabe de sus virtudes le propone el sacerdocio. Pensando que esto tampoco sería lo suyo, pero sin decir no antes de probar. Don José, entra en el Seminario en el año 1951, donde encaja perfectamente. Una vez dentro, en sus cuatro años de estudios tiene siente una gran predilección por la Filosofía y la Teología, juntándose con los más aventajados en estas materias. Le cogen un especial cariño y afecto el Rector don José de Osuna y el Vise- Rector don Hilario Fernández Morillo (siendo este último un profesor muy bien preparado). Recibe clases también de filosofía y latín del palmero don Elías Yanes Álvarez (el que fuera presidente de la Conferencia Episcopal Española entre 1993 y 1999 y posteriormente Arzobispo de Zaragoza). En estos años el latín se utiliza mucho en la vida cotidiana del seminario. Su primer nombramiento fue como Capellán de la Clínica, después Coadjutor de la Parroquia de San Francisco de Asís. Apasionado de la Semana Santa e inspirado por la Pasión y Muerte andaluza, tuvo que ver mucho en la creación en el año 1956 de la Cofradía de la Pasión (Cofradía de penitencia íntegramente formada por varones y fundada en la advocación al Señor de la Caída), en la Cofradía de los Siete Dolores (Cofradía integrada totalmente por mujeres, vestidas con mantilla de luto y fundadas en la advocación de la Virgen de los Siete Dolores) y en el año 1957 con la Cofradía del Santo Sepulcro (Cofradía de penitencia íntegramente formada por varones y fundada en la advocación al Señor Muerto), muy vinculado a los jóvenes y a sus preocupaciones veían en él a un hermano, consejero y amigo. También fue Capellán de Las Dominicas y Coadjutor de la Parroquia Matriz hasta la muerte del Padre Félix. Nombrado Conciliario de Acción Católica, encargado de los jóvenes y adultos de la isla de La Palma , quien, junto con varios jóvenes del Grupo de Acción Católica de Santa Cruz de La Palma, salían con sus coche a los pueblos, donde se reunían y hacían charlas sobre diferentes temas de interés religioso, planteando inquietudes e intercambiando opiniones entre los jóvenes y adultos. Los párrocos de las diferentes pueblos de la isla lo querían y apreciaban mucho, pues sabían la gran labor que con este grupo de jóvenes hacía. Siguió muy de cerca la andadura en los primeros años de estas Cofradías que ayudo a fundar, siendo su pulmón y guía espiritual, observó como crecían año tras año. Pero, por motivo de un nuevo designio, es nombrado párroco de Tazacorte, perdiendo el cargo y la función de director espiritual de estas Corporaciones de fieles, que con este y otros motivos de abandono comienzan una etapa de decaimiento. En Tazacorte estuvo durante nueve años, casi los más felices de su vida. Encajo perfectamente con sus gentes, siendo aún hoy, muy querido y recordado. A su vez da clases como profesor de religión en el Instituto “Eusebio Barreto Lorenzo” de Los Llanos de Aridane. En estos últimos años en la zona sur-oeste de la isla, celebra misas, en la iglesia principal, la Parroquia de San Miguel Arcángel y también en el puerto, en la Parroquia de Nuestra Señora del Carmen, se encarga de los grupos de jóvenes y adultos. Cae enfermo por tanto trabajo y estrés acumulado, donde literalmente pierde el sueño, debido a sus incesantes años de trabajo. Al no mejorar rápidamente el entonces Obispo de la Diócesis D. Damián Iguacen Borau lo destina nuevamente a la ciudad, su residencia natal (S/C de La Palma) y lo nombra Coadjutor de El Salvador, con la intensión de facilitar una pronta recuperación. Mantiene el don de decir Misa y el don de Confesar. Actualmente este sacerdote tan querido por todos, sigue de Coadjutor en la Iglesia Matriz de El Salvador, con una delicada salud, aún se encarga de decir o concelebrar la Santa Misa los lunes, martes, jueves y viernes a las 1930 h y los domingos a las 1100 h en El Salvador y el sábado a las 1700 h en la Iglesia de Santo Domingo. Señor de educación selecta, muy respetuoso, culto y con un talante de caballero, don José Blas Van de Walle y Hernández con sus casi 80 años de edad, ve como la gente se ha ido adaptando a los tiempos, como siguen colaborando con la parroquia. Ha visto como esta Cofradía del Santo Sepulcro en estos últimos años se ha ido uniendo y congeniando y nos manda un mensaje a todos de amor y respeto “amarnos como hermanos perdonando los defectos”. Y también nos recuerda al apóstol San Juan que vivió muchos años, más de 100 y que decía a sus peregrinos al visitarlo “amaros los unos a los otros”. Don José Blas Van de Walle y Hernández nuestro Fundador y Director Espiritual.
H. Cofrade |