EL CRISTO YACENTE
SU ICONOGRAFÍA
Sin lugar a dudas, se trata de una de las representaciones más clásicas de la Pasión y Muerte de Jesús, junto con los simulacros de Cristo Crucificado y Cristo Nazareno (o con la Cruz a Cuestas). En el marco de los desfiles procesionales de la Semana Santa, incluyendo en los de menor entidad, rara es la localidad que no procesione el pasaje de Cristo Yacente camino del Santo Sepulcro.
En líneas generales, hablamos de la escultura que se muestra en decúbito supino, bien depositada en el interior de una urna a modo de sepulcro, bien colocada sobre un lecho o losa de mármol. En el caso de la Muy Noble y Leal Ciudad de Santa Cruz de La Palma, el Cristo Yacente realizado por el maestro don Francisco Palma Burgos (Viterbo, Italia -1984) desfila sobre una base o catafalco funerario hecho en metal amarillo, plateado y repujado por el orfebre don Cesar Fernández Molina (La Laguna, Tenerife - 1957).
Normalmente son obras en su mayoría de gran patetismo, concebidas bajo un marcado cariz devocional para conseguir la conmoción del espectador, y en las que, dentro del realismo, los escultores optan, según las distintas escuelas y procedencias, por ofrecer una versión serena y dulcificada, o bien seca y descarnada, del cadáver de Jesús.
Pero centrándonos directamente en su iconografía, no hay una referencia descriptiva y clara en los evangelios sobre este acontecimiento, sí lo hay cuando se indica donde fue depositado tras su muerte: “…y lo colocó en un sepulcro nuevo, cavado en la roca, que se había hecho para sí mismo. Después movió una gran piedra para que sirviera de puerta, y se fue” (Mat. 27, 60).
También se hace referencia a los preparativos para su embalsamamiento según la costumbre judía de enterrar, todo quizás con extrema prisa para cumplir con los ritos festivos (del sábado solemne) de aquella época.
Auque esta iconografía tal y como hoy la conocemos, no aparece hasta el siglo XVI, pudiendo afirmar que sus orígenes parten de las advocaciones que hacen o hacían referencia a la Piedad y el Desenclavo, también del misticismo surgido con la contrarreforma, el Concilio de Trento y por supuesto, de la Orden Franciscana, custodia del Santo Sepulcro de Jerusalén. También tiene origen en las Ordenes Pontificas y Militares tornadas en Cofradías del Santo Sepulcro.
Curiosamente, la Magna Procesión del Santo Entierro de nuestra ciudad de Santa Cruz de La Palma, dispone de cinco pasos que representan o han representado a los siete personajes que los evangelios implican directamente en el Entierro de Cristo: La Virgen - San Juan - Las Tres Marías (hoy tan sólo con María Magdalena, pero durante un tiempo estuvo también María Salomé y María de Cleofás) - Los Santos Varones (José de Arimatéa y Nicodemo).
Sus primeras representaciones aparecen en la obra pictórica de Rafael y Andrea Mantegma, contemplándose en el Barroco el tema de la Piedad.
En la Escuela Castellana del siglo XVII, es donde la representación del Cristo Yacente encuentra su máximo esplendor, de la mano del celebre escultor don Gregorio Fernández, semejante a la Escuela Andaluza en un punto importante: - En ambos casos se toma como referencia la Sábana Santa de Turín, como es el caso de la atribución al también reconocido escultor don Juan de Mesa del Yacente para la Hermandad del Santo Entierro de Sevilla, aún encontrando notables diferencias entre ambos.
A partir de este momento, los siglos XVIII y XIX son un intento reiterado de representar ambas escuelas, aportando el “amaneramiento del siglo XVIII” y el naturalismo y acentuación de la muerte del XIX. El siglo XX, ha seguido los motivos imagineros del barroco, mezclando incluso las técnicas de ambas escuelas, destacando la obra realizada por el profesor don Juan Manuel Miñarro centrado también con todos los medios disponibles tecnológicos, científicos y médicos, en la Sabana Santa, dando origen a la exposición “El Hombre de la Síndone”.
La devoción a la Imagen de Cristo Yacente en Santa Cruz de La Palma, es muy anterior a la actual imagen del Señor Muerto, hay antecedentes que se remontan al siglo XVI, con al menos otras dos imágenes anteriores a “El Cristo del Clavo”.
PRIMERA IMAGEN
La primera es obra del entonces párroco de la Parroquia Matriz de El Salvador don Manuel Díaz (autor también de los Santos Varones), en su deseo de engrandecer la procesión del Santo Entierro. Teniendo entendido que desde el siglo XVI hasta el año 1947, pasando después a venerarse en San Sebastián de la Gomera, nuestra isla hermana. Esta imagen procesionaba desde el Convento de San Miguel de las Victorias (actual Iglesia de Santo Domingo), siendo venerada hasta principios del siglo XVII por la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y después por la Cofradía del Santísimo Sacramento. En el año 1911, después de un altercado entre los P. Púales del Convento Dominico y las Cofradías de El Salvador, pasa a procesionar desde la Matriz. Siendo sustituida en 1947 por otra de mayor calidad.
Imagen de pequeño tamaño hecha en pasta de papel. Tumbada, se ve colocada para ser procesionada, con los pies ligeramente separados, envuelta en un mantón blanco según la costumbre antigua de enterrar a los muertos, con los brazos desnudos y en cruz, con heridas profundas de pies y manos. Y con el semblante en su rostro de plena paz, por el goce se morir siendo el Hijo, el Elegido.
SEGUNDA IMAGEN

La segunda, es hecha de serie en el municipio de Olot, provincia de Girona (gran comercio en imaginería religiosa), donada en 1947 por don Antonio de Lugo y Massieu en su deseo de dar mayor religiosidad y por tanto más brillantez a nuestro desfile procesional. - La imaginería seriada de Olot, tiene su auge tras la guerra civil (1936-1939), después de los incendios y profanaciones a los templos y de las persecuciones a cristianos y religiosos, debido a la demanda del pueblo buscando una rápida reconstrucción de sus iglesias - . Esta imagen procesionó desde la Semana Santa de 1948 hasta la de 1984 desde la Parroquia Matriz. Pasando después y hasta hoy a venerarse en la Iglesia de Nuestra Señora de la Luz del municipio de Garafia. Esta imagen por su dulzura, es la que llama la atención y cautiva a un grupo de jóvenes que inspirados por el espíritu de penitencia del que fuera su primer Director Espiritual el Padre don José Blas Van de Walle y Hernández deciden crear una cofradía - la Cofradía del Santo Sepulcro – (por tanto esta es su primera Imagen), acompañando al Señor Muerto en la que fue su primera salida el Viernes Santo de 1957. Estrenando este mismo día, la base de metal plateado, cuatro jarras plateadas y los arreglos en las cuelgas de terciopelo.
Imagen de 1,60 cm. hecha de escayola, con pose natural. Tumbada, con la cabeza suavemente inclinada a su derecha, de rostro dulce, hermoso y sereno, con los brazos extendidos a lo largo de su cuerpo y las palmas de las manos hacia arriba, los pies ligeramente juntos. No es un Cristo sangriento y destrozado, magullado por los azotes y el castigo. Al contrario, demuestra ternura y cuidados. Procesionaba desde dichas andas de metal plateado, sobre un colchón de terciopelo rojo y una sábana blanca y bajo su cabeza un cojín de tisú de plata.
UNA MAQUETA
A la llegada (en la década de los setenta del pasado siglo XX) del entonces párroco de El Salvador, don Manuel González Méndez (apasionado del arte), buscando sustituir esta obra seriada por una talla única de escultor reconocido. Tantea, con el imaginero lagunero don Ezequiel de León, la posible realización de un Yacente para Santa Cruz de La Palma. Prueba de ello es la maqueta que en 1972 entrego dicho escultor a este párroco. Esta obra nunca llego a concretarse. Si bien esta hubiese sido la línea de su obra según su maqueta.

TERCERA Y ACTUAL
Este Cristo Yacente, la tercera y actual Imagen, guarda un claro estilo barroco, que basa también su hechura en el estudio científico de la Sábana Santa de Turín, además está marcado por el sello propio de un gran artista. Sale de las manos del ya mencionado escultor e imaginero malagueño don Francisco Palma Burgos, que después de quince años sin realizar escultura alguna, talla una magnifica obra atemporal, un Cristo Yacente para Santa Cruz de La Palma, que sacudió su personalidad y su ego como creador, motivándole a realizar otras dos grandes obras antes de su repentina muerte.
Este Cristo Yacente, es una talla completa de 2 mts. en madera de cedro, de aspecto patético, sorprendente anatomía musculosa y venaria, de un realismo sin igual, hecho para ir tumbado sobre una superficie totalmente plana, con la cabeza ligeramente hacia tras y a su derecha, con los brazos extendidos a lo largo de su cuerpo y el derecho ligeramente flexionado, apoyando suavemente su mano sobre el muslo derecho. Se encuentra totalmente desnudo y con un paño de pureza tapando sus partes más intimas.
Representa el momento justo en que es bajado de la cruz, pues aún mantiene sus pies unidos por un clavo, de ahí el sobre-nombre “El Cristo del Clavo”.
Su aspecto expresa evidencias del maltrato sufrido, su rostro esta hinchado por los golpes, ensangrentado y magullado, sus rodillas rotas por sus muchas caídas en el camino al monte de la Calavera, el corte desgarrador en su costado derecho, sus llagas abiertas son signos del suplicio de la cruz.
Este es el Cristo Yacente, El Cristo Yacente que el párroco don Manuel González Méndez especialmente y gracias a unos Señores y al pueblo de Santa Cruz de la Palma, encargó (1982) al celebre escultor e imaginero don Francisco Palma Burgos.
Procesionó por primera vez el Viernes Santo de 1985 y como invitado de honor estuvo junto a la Imagen su autor, Paco Palma. Este día la Cofradía del Santo Sepulcro se preocupo de que no hubiera fallo y el Santo Entierro nuevamente retomo el calificativo de “espectáculo solemne y grandioso” que en 1963 le diera don Alberto José Fernández García (Diario de Avisos).
Si tienes paciencia y lo contemplas un largo rato, lo veras a él, veras a Cristo.
El Cristo se encuentra en la Parroquia Matriz de El Salvador, en la Nave del Evangelio, en el interior de la vitrina que esta a pie de la Capilla de San Juan Bautista.
H. Cofrade.
Andrés A. Martín Díaz.